“Brewers Caprice” o la necesidad de escapar a la cerveza industrial

Cerveza artesanal argentina
Las tres variedades de Brewers

En medio del boom de la cerveza artesanal, resulta complicado encontrar a la verdadera pasión por el lúpulo y distinguirla del mero interés por la venta. Hay que buscar mucho para encontrar a gente como René D’Avino y Lucas Bologna, padres de Brewers Caprice, apasionados de la birra y puristas enfermizos del líquido de moda.

“El tiempo es tirano para la cerveza, no la puedes apresurar”, asegura René, que gira sin cesar la alianza en su dedo. Se le ve ansioso, entusiasmado. Él y Lucas relatan con cariño el periplo de Brewers desde sus inicios. El nombre significa “Capricho cervecero” y refleja la necesidad que tenía D’Avino de escapar de la cerveza industrial, que no le caía nada bien a su estómago.

El símbolo de Brewers, un león y un dogo argentino que se observan fijamente, responde al perfil de sus creadores: Lucas lleva tatuado al rey de la selva y su signo zodiacal es Leo; mientras que René es un apasionado de los perros. Algo animal hay también en el tesón e insistencia de esta dupla que les ha llevado a producir 800 litros semanales de su cerveza.

Hoy por hoy su catálogo dispone de tres variedades, todas ellas con una graduación menor al 6%: la Pale Ale (nuestra favorita, con cuerpo y toques frutales), la Honey Red (rojiza y suave) y la Stout (negra cremosa con marcado sabor a café). Sus six-packs se sitúan en 200$, una invitación al desenfreno. “Estamos haciendo pruebas para nuevas variedades”, avisa René. Y cuando estos dos hablan, hay que tomarlos en serio.

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